martes, 7 de octubre de 2008

La increible historia de Maria Antonieta.


Maria Antonieta despierta de lunes a viernes a las 6:30 de la mañana.
Somnolienta, mirándose los parpados se abre paso entre objetos sombríos de un día aun no sido.
Cuando empieza a caer el agua de la llave, un grito se posa en su retina y no vuela más de allí. Rauda corre y pone la tetera, se arroja suavemente al lado de su hermano para apaciguar su llanto en su cuerpo. Cuerpo de violenta hermosura, que renace cada sol para morir de cansancio en un ocaso redentor. De hermosura de otros años pretéritos que escalan a veces hasta el hoy.
Son las 9 y Maria Antonieta ya es la reina de la casa.
Enciende el televisor de la pieza donde sus hermanos se sientan en una cama sin hacer, y se pierden en las imágenes que les bailan.
En cada recodo de la casa donde La reina se pierde, se apaga o vuelve a resurgir el murmullo televisivo que la calma.
Aquellas situaciones en la pantalla le detienen el tiempo en un bostezo, que mientras dura le permite barrer, ordenar las cosas, sacudir los muebles.
A veces Maria Antonieta se para frente al televisor afirmada en la escoba, y siente que es niña como sus hermanos, pero poco le dura la infancia en el lugar donde ella tiene que reinar.
Los sábados y domingos duerme hasta las 8. Las obligaciones del orden se le han pegado a las manos, que sólo descansan en las mejillas del amor. Amor que trabaja sólo los fines de semanas cuando ella puede descansar.
Al almuerzo, los garbanzos gimen en burbujas que desbordan la olla, mientras ella-La reina- busca al seba que anduvo creyendo que los muebles eran bosques para esconderse. De un ala Maria Antonieta lo toma y lo sienta en la mesa, la cara de su hermano se transmuta de la risa secreta a un miedo entre burlón y temeroso.
Por la mierda, se manchó todo- exclama desde sus labios rojos de pétalos naturales.
Hay veces donde el día le arranca pedazos, y sol le percute su piel y el cansancio no puede más y se le anida en sus ojos. Pero la hermosura prístina de Maria Antonieta no se muere ni a balazos, la sonrisa le dibuja estrellas en la cara y cuando se ríe deja volar algunas mariposas que a veces quedan dando vueltas por la casa.
Una vez se puso a espantar a un ocaso mientras gritaba por el bulla, la energía le salía inventada cuando no existía, se paseaba por la casa y derramaba sonrisas sin querer.

1 comentario:

** Lo' ** dijo...

creo que maria antonieta es una de las miles de niñas que tiene como obligacion las tareas del hogar, poner las necesidades de los demas antes que las de ella.
aunque el espiritu de ella, la capacidad de ver el mundo distinto, la capacidad de sonreir al final del dia me parece un sueño que no todas pueden vivir.


me gusto la foto, aquellas zapatillas de atras con los pies y esos zapatos de dama elegante, un contraste de realidades que me parece oportuno para la historia.